Cuando una persona mayor pasa largos períodos encamada, los cambios posturales son uno de los cuidados más importantes y más fáciles de descuidar. Sin una rutina de cambios posturales adecuada, el riesgo de úlceras por presión — también llamadas escaras — es alto, y sus consecuencias pueden ser graves. En este artículo te explicamos por qué son tan importantes, con qué frecuencia hay que hacerlos y cómo realizarlos de forma segura.
¿Qué son las úlceras por presión y por qué hay que prevenirlas?
Las úlceras por presión son lesiones en la piel y los tejidos subyacentes que aparecen cuando una zona del cuerpo soporta presión continua durante demasiado tiempo. Las zonas más vulnerables son los talones, el sacro, los trocánteres, los codos y los omóplatos — cualquier punto óseo que quede en contacto prolongado con la cama o la silla.
En fases iniciales aparecen como rojeces que no desaparecen al aliviar la presión. Sin tratamiento, progresan rápidamente hacia heridas profundas que pueden infectarse y causar complicaciones graves. En personas mayores con patologías crónicas o estado general debilitado, la cicatrización es mucho más lenta y el riesgo se multiplica.
La buena noticia es que la gran mayoría de úlceras por presión son prevenibles con una rutina de cambios posturales correcta.
Con qué frecuencia hay que cambiar la postura
La recomendación general es cambiar la postura cada 2 horas en pacientes encamados. En personas con piel muy frágil, circulación comprometida o que ya presentan lesiones iniciales, el intervalo puede reducirse a cada hora.
Durante la noche, los cambios posturales también son necesarios — aunque el intervalo puede adaptarse según el estado del paciente y la supervisión disponible. Es importante documentar los cambios para garantizar que se están realizando con la frecuencia adecuada.
Posiciones básicas y cómo realizarlas
Las tres posiciones principales en pacientes encamados son:
- Decúbito supino (boca arriba): colocar almohadas bajo los talones para evitar que toquen la cama, y una pequeña almohada bajo la zona lumbar si hay curvatura excesiva
- Decúbito lateral (de lado): el más utilizado para aliviar la presión del sacro. Colocar almohadas entre las rodillas y apoyar la espalda con un cojín para mantener la posición. Alternar lado derecho e izquierdo
- Posición de Fowler (semiincorporado): con el cabecero elevado entre 30 y 45 grados. Útil para facilitar la respiración y la alimentación, pero hay que vigilar que la persona no resbale hacia abajo — ese deslizamiento genera fricción que también daña la piel
En todos los casos, los movimientos deben ser suaves y coordinados, evitando arrastrar al paciente por la cama. Si la persona es pesada o tiene poca movilidad, es recomendable usar sábanas o dispositivos de transferencia para reducir el esfuerzo y el riesgo de lesiones — tanto del paciente como del cuidador.
Otros cuidados complementarios para prevenir úlceras
- Colchón antiescaras: los colchones de presión alterna reducen significativamente el riesgo en pacientes con inmovilidad prolongada
- Hidratación de la piel: aplicar crema hidratante después del aseo, especialmente en zonas de presión
- Revisión diaria de la piel: aprovechar el momento del aseo para revisar sistemáticamente las zonas de riesgo
- Buena nutrición e hidratación: la piel bien nutrida e hidratada resiste mejor la presión y se recupera antes
- Ropa de cama sin arrugas: las arrugas en las sábanas generan puntos de presión adicionales
Cuándo los cambios posturales forman parte de un protocolo clínico
En pacientes con úlceras ya establecidas, con fragilidad extrema o con patologías que dificultan los cambios posturales — como contracturas, dolor intenso o agitación — la rutina de cambios posturales debe estar integrada en un protocolo clínico supervisado por enfermería.
En Humana, el seguimiento de pacientes encamados en casa incluye la evaluación del riesgo de úlceras, la definición del protocolo postural y la supervisión periódica del estado de la piel. Detectar una lesión incipiente a tiempo marca la diferencia entre una prevención sencilla y una complicación grave.
Si tienes a tu cargo una persona encamada y necesitas apoyo clínico en casa, cuéntanos el caso. También puedes leer sobre cómo acompañamos tras el alta hospitalaria o sobre cómo funciona nuestra valoración clínica inicial.