Las úlceras por presión — también llamadas escaras o úlceras de decúbito — son una de las complicaciones más frecuentes y más prevenibles en personas mayores con movilidad reducida. Aparecen cuando la piel soporta presión prolongada sobre una zona, especialmente en los puntos de apoyo óseo. En personas mayores con piel frágil o estado general debilitado, pueden progresar rápidamente y convertirse en heridas graves. La buena noticia: la mayoría son evitables con los cuidados adecuados.
Cómo y cuándo aparecen las úlceras por presión
Las úlceras por presión se forman cuando una zona de la piel queda comprimida entre un hueso y una superficie dura — la cama, la silla de ruedas o un cojín — durante demasiado tiempo sin alivio de presión. Pueden desarrollarse en pocas horas en personas con circulación comprometida o piel muy frágil.
Las zonas más vulnerables son los talones, el sacro, los glúteos, las caderas, los trocánteres, los codos y los omóplatos — cualquier punto donde el hueso quede cerca de la superficie de la piel. Por eso es fundamental revisar sistemáticamente estas zonas, especialmente durante el aseo o los cambios posturales.
Señales de alerta: síntomas por fases
Las úlceras por presión pasan por diferentes fases de gravedad. Reconocer los signos tempranos permite actuar antes de que la lesión se profundice:
- Fase inicial: rojez que no desaparece al retirar la presión, piel sensible o entumecida, cambios de temperatura al tacto en esa zona
- Fase intermedia: ampolla o herida superficial, cambios en la textura de la piel, hinchazón
- Fase avanzada: herida profunda que puede afectar a dermis, tejido subcutáneo o incluso hueso, posible presencia de pus o mal olor
Si detectas rojez que no mejora en 24-48 horas al aliviar la presión, consulta con un médico. Si hay signos de infección — pus, mal olor, fiebre — acude con urgencia.
Prevención: lo más importante
La prevención es siempre más efectiva que el tratamiento. Estas son las medidas más importantes:
- Cambios posturales regulares: cada 2 horas en pacientes encamados, alternando posiciones para distribuir la presión. Es la medida preventiva más eficaz.
- Colchón antiescaras: los colchones de presión alterna reducen significativamente el riesgo en pacientes con inmovilidad prolongada
- Revisión diaria de la piel: aprovechar el aseo para inspeccionar sistemáticamente las zonas de riesgo
- Hidratación de la piel: aplicar crema hidratante después del aseo, especialmente en talones y sacro
- Piel limpia y seca: la humedad por orina, sudor o heces acelera la aparición de lesiones. Cambiar pañales con frecuencia y usar productos de barrera en zonas expuestas
- Ropa de cama sin arrugas: las arrugas en sábanas generan puntos de presión adicionales
- Nutrición e hidratación adecuadas: la piel bien nutrida resiste mejor y se recupera antes
Cuidado de la piel en pacientes encamados
- Lavar con productos para pieles sensibles y secar con palmaditas suaves, sin frotar
- Usar cremas protectoras en zonas expuestas a humedad o rozamiento
- Revisar botones, costuras y arrugas en ropa y sábanas que puedan presionar la piel
- Si ya hay una lesión, seguir siempre las indicaciones del médico — el tratamiento de úlceras establecidas requiere supervisión profesional
Cuándo las úlceras por presión necesitan seguimiento clínico
En pacientes con úlceras ya establecidas, con inmovilidad total o con patologías que dificultan la cicatrización — diabetes, insuficiencia vascular, desnutrición — el cuidado de la piel deja de ser solo una cuestión de rutina y pasa a necesitar protocolo clínico supervisado.
En Humana incluimos la evaluación y seguimiento del riesgo de úlceras dentro del plan de atención domiciliaria de cada paciente. Detectar una lesión incipiente a tiempo, antes de que progrese, es una de las intervenciones clínicas con más impacto en la calidad de vida del paciente encamado.
Si tienes a tu cargo una persona encamada y quieres que un equipo clínico supervise la situación en casa, cuéntanos el caso. También puedes leer sobre cambios posturales en pacientes encamados o sobre cómo funciona nuestra valoración clínica inicial.